sábado, 25 de diciembre de 2010

La fórmula para una presentación perfecta


A continuación expertos del ámbito de las artes escénicas explican qué hacer para pararse frente al público efectivamente.

Pararse frente a un público, que en varios casos no se trata de amigos ni familiares, puede ser una ardua tarea. La que se complica aún más cuando junto con el nerviosismo se debe lograr que un cliente acepte una propuesta o llevar adelante la exposición de un tema.

Y si bien a estas alturas programas como el Power Point les hacen la vida más fácil a quienes deben llevar a cabo una presentación, no es suficiente. Siempre se requiere de un buen orador. “Tengo una premisa. Antes de una presentación uno tiene que prepararse, prever y practicar, de esta forma se pueden desarrollar mejores opciones de reacción en caso de que las cosas no sucedan como se han planeado inicialmente”, afirma Maureen Boys, actriz y secretaria académica de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica de Chile.

Existen aspectos que se deben tener presente a la hora de ponerse en campaña para realizar una presentación perfecta.

Apoderarse del tema:

Antes de cualquier técnica lo vital es conocer de qué se hablará: apasionarse tanto como para convencerse de lo que se dice. “Creo que si no estás convencido sólo das a conocer ideales, frases, datos y el proceso de comunicación se ve fracturado. Cuando tenemos el convencimiento real es el primer paso para comunicar frente a la audiencia en cualquier formato”, explica Fernando Gómez, licenciado en actuación y jefe de departamento de difusión Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Cuajimalpa.

A esto se suma, que la exposición habrá que hacerla considerando las preguntas y, lógicamente sus respuestas. En este caso, el nivel de convencimiento del tema entregará la ventaja de poder comunicar asertivamente.

Contacto visual:

Fingir observar a la audiencia, mirar un punto perdido en el espacio, o fijarse en alguien específico, pueden ser estrategias de un orador entrenado. Sin embargo, Boys aconseja que lo ideal sea observar a un individuo en particular, porque de esta forma “se puede actuar dependiendo de su gestos. Por ejemplo, si la audiencia coloca cara de interrogación se puede repetir la información o invitar a que hagan alguna consulta”.

Otro aspecto que hay que tener presente es la dirección hacia dónde se mira, porque no es lo mismo fijar la atención en el techo que hacerlo en el piso. Si bien centrarse en estos por largo rato no es conveniente, debido a que el público tiende a seguir la mirada del expositor y estos destinos no suelen ser muy inspiradores. Lo peor, en todo caso es mirar únicamente hacia una pizarra o lo que refleja el retroproyector. ¿Por qué? Puede reflejar falta de conocimiento y es casi como si el presentador se dijera: 'aquí no soy necesario'.

“Lo interesante, entonces, es que generamos una doble retención: visual y vocal. Y en caso de no ser capaz de mirar, buscar un punto medianamente fijo”, dice Boys.

No temer a las pausas:

Quedarse en blanco a veces no es tan grave. Uno de los más temidos miedos de cualquiera en medio de una exposición es no saber qué decir en el minuto justo o qué responder ante una consulta. Si el temblor de piernas resulta ser la repuesta a este complicado escenario hay que saber que ese puede ser el momento perfecto en que la audiencia decante el contenido que se les ha explicado o se haga un recuento de la información. Muchas veces los más complicados son los que están oyendo, ya sea porque no han entendido bien algunos puntos o porque la presentación lleva un largo rato. En estos casos hay que aprovechar las instancias de pausa sin miedo.

“Muchos creen que esta instancia los va a dejar como que no saben. Algunos ejecutivos creen que las van a robar la palabra en este espacio y no es tan cierto”, relata Boys.

Autenticidad por delante:

Es cierto que puede ser tentador cambiar la actitud en los casos en que la persona sea muy tímida o, por el contrario, hiperventilada. En ambos casos se recomienda que prime la esencia del individuo y manejar aquellas habilidades que se encuentren poco desarrollados.

También es práctico conocer que -al igual que las muletillas verbales típicas- también existen las gestuales, que deben evitarse. El dar una presentación con un lápiz o papeles en la mano puede resultar ser molesto para el público, tanto por los movimientos que se puede hacer como por los ruidos.

Éstas demuestran nerviosismo y hacen que el público se acostumbre a la rutina que genera este tipo de oradores.

Transmitir seguridad:

Aunque el dominar el tema sobre el que se hablará dará inmediata seguridad al expositor, hay aspectos de locución que pueden ayudar a estar más tranquilo.

Para ello existen técnicas de respiración, pero lo primero recomienda Gómez es identificar qué tipo de respiración se tiene. El ideal es poseer una respiración completa la que comprende la abdominal, toráxica y clavicular.

“Si inhalo de forma correcta permito que mis pulmones tengan mayor capacidad y así emitir el sonido. Muchas veces por la presión ponemos tensión en los hombros. Hay mucha gente que apretar el abdomen dificulta la respiración”, dice Gómez.

Entonces, lo fundamental es ser consciente de cómo funciona el cuerpo y dónde está el bloqueo corporal que provoca las tensiones.

Moldearse según la audiencia:

“Uno debe enfocarse en quienes se va a dirigir y así realizar un parámetro. Se tiene que conocer la historia y eso facilitará el elegir el tono adecuado según quienes sean”, dice Gómez.

"No es lo mismo dar a conocer un resultado de un proyecto que transmitir la misión y visión. Frente a ambas circunstancias el cuerpo se comporta naturalmente de manera diferente, y hay que seguirlo", dice Gómez.

Autor: Daniela Arce

21/12/2010